viernes, 23 de mayo de 2008

El Criador de Cóndores

Heinz -Heini para los más cercanos- era un niño tímido y estudioso que desde su nacimiento llevaba la muerte como destino: no era saludable ser judío en la Alemania de los años '30. Su padre había perdido el empleo y la 'Noche de los Cristales Rotos' anunciaba amenazante la erradicación del 'pueblo elegido' cuando su madre logró las visas que le permitieron a la familia entera salvar sus vidas: Nueva York ('una olla con un repollo gigantesco', a decir de Neruda) los esperaba ahogada en recesión y desesperanza.

En su nueva patria, Heini descubrió que algunas cosas no cambian. Aprendió a hablar inglés, aunque nunca pudo quitarse el acento alemán. Abandonó el Fußball y abrazó el baseball. Comenzó a trabajar por las noches en una fábrica. Se unió al Ejército en 1942. Pero nunca dejó de ser el estudioso, el diferente, el judío. Y creció con ese resentimiento.

En 1943 Heinz -ya está crecidito para que lo sigamos llamando Heini- tomó juramento como ciudadano estadounidense en una base de entrenamiento militar en Carolina del Sur. Como 'americano' pleno de derechos y de identidad, tambien tendría que cambiar su nombre: ahora sería Henry.

Durante la Segunda Guerra Mundial prestó servicio en Inteligencia Militar ('una contradicción' según este Marx), destacándose al punto que escaló puestos hasta que después de la guerra llegó a ser instructor de la Escuela de Inteligencia del Comando Europeo con sede en la Alemania ocupada por EEUU. Retornó a su 'patria' -como si la tuviera- en 1947, e ingresó a Harvard donde realizó una extensa carrera académica que incluyó la obtención de su PhD (doctorado) en 1954. La tesis: "Paz, Legitimidad y el Equilibrio".

Descollante y controversial en el ambiente académico, los más influyentes hombres de poder de Estados Unidos no tardaron en buscar sumarlo a sus "Think Tanks". Nelson Rockefeller, gobernador del Estado de Nueva York (republicano, por si el apellido no lo delató), lo tuvo como uno de sus más cercanos asesores durante la campaña a la nominación presidencial para las elecciones de 1968. Pero el elegido fue Nixon, a la postre Presidente. Y el hombre del Watergate le ofreció a Henry el puesto de Asesor de Seguridad Nacional. Ahora y para siempre sería Henry "The Kiss": Henry Kissinger.

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Heini, el hombre de la política exterior estadounidense

Kissinger -llamémoslo como lo conoce todo el mundo- jugó un papel preponderante en la política exterior del gran país del Norte entre 1969 y 1977. Cultor de la Realpolitik (política exterior basada en la evidencia y los resultados más que en teorías e ideologías), estrechó lazos con quien sirviera al propósito de EEUU: neutralizar la expansión del comunismo, particularmente en América Latina.

Según documentos desclasificados por la CIA en 1998, Kissinger -a esta altura Secretario de Estado- no sólo vio con buenos ojos el golpe de Estado de Augusto Pinochet, sino que lo apoyó y hasta se aseguró de que la desestabilización se llevara a cabo. En un memo que relata la la conversación que el 15 de Octubre de 1970 sostuvieron Kissinger, Alexander Haig, y dos altos funcionarios de la CIA Kissinger le ordenaba a ésta última "continuar la presión sobre cada punto débil de Allende - ahora, después del 24 de Octubre (fecha en que asumiría el nuevo Presidente) y en el futuro hasta el momento en que se den nuevas órdenes".

Kissinger y Pinochet en Junio de 1976

Un cable transmitido el día siguiente desde el cuartel general de la CIA al jefe de la oficina que la agencia tenía en Santiago ordenaba que, incluso si un golpe militar no se materializaba antes de la asunción de Allende, "los esfuerzos a este fin continuarán vigorosamente aún pasada esa fecha".

"Debemos continuar generando el máximo de presión para este fin utilizando todos los recursos apropiados", rezaba el cable.

De acuerdo a documentos obtenidos por Carlos Osorio -analista de la Agencia de Seguridad Nacional- y citados por John Dinges en "Los Años del Cóndor", dos días después de que las Fuerzas Armadas dieran el golpe de Estado de 1976 en Argentina Henry Kissinger ordenó a sus subordinados "alentar" al nuevo régimen facilitándole ayuda financiera.

El embajador estadounidense en la Argentina, Robert Hill, a pesar de que en un principio había dicho que la Junta Militar había dado "el golpe más civilizado de toda la Historia", pronto dio cuenta de su error y advirtió a sus superiores de las graves faltas a los derechos humanos que en nombre de la "lucha contra la subversión" se estaban cometiendo. En Mayo del '76 Hill envió un memo al Departamento de Estado: "En vista del empeoramiento general de la situación de los derechos humanos aquí –escribió Hill–, creo que ha llegado el momento para una gestión al más alto nivel". El embajador aconsejaba una reunión entre Kissinger y el Almirante César Guzzetti, Canciller de la dictadura, en la cual se advirtiera a la Junta que aunque EEUU apoyaría su "combate contra el comunismo" debía dejarse en claro que "sin embargo hay ciertas normas que nunca pueden ser puestas de lado por un gobierno dedicado a cumplir la ley. El respeto a los derechos humanos es una de ellas".

Kissinger y Guzzetti se reunieron en el Waldorf Astoria de Nueva York en Octubre de ese año. De acuerdo a declaraciones del embajador argentino ante la ONU, Carlos Ortiz de Rozas, Kissinger sólo se limitó a urgir a Guzzetti "terminar con la represión ilegal antes de que el Congreso de EEUU reanudara sus actividades en enero de 1977".

El apuro se debía a que el Congreso de EEUU iba a discutir en enero la suspensión de la ayuda militar a la dictadura y un crédito de 8 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo por las violaciones a los derechos humanos en la Argentina.

Pero Kissinger no llegó a enero. Jimmy Carter se convirtió en el 39º Presidente de los Estados Unidos y la política de éste último hacia las dictaduras del Cono Sur dio un giro radical. O no tanto.

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En reconocimiento a su labor durante los Acuerdos de Paz de París de 1973, Henry Kissinger y su par de Vietnam del Norte (comunista), Le Duc Tho, fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz. Los Acuerdos resultaron un rotundo fracaso, de hecho la fragilísima tregua ya estaba quebrada cuando el premio fue oficialmente entregado. Excusándose en que "su nación todavía no tenía paz", Tho rechazó el galardón. Kissinger no asistió a la ceremonia pero envió al embajador estadounidense en Noruega a recibirlo.

La semana pasada, el gobierno argentino postuló a las Abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Nobel. Algo me dice que si lo ganan, no lo deberían aceptar.

"Lo ilegal lo hacemos inmediatamente. Lo inconstitucional lleva un poco más de tiempo."

- Henry Kissinger
The New York Times, 28/10/1973

['The Kissinger Trials' - Documental en Inglés]

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