Buenos Aires, 21 de Marzo de 2008 - Funcionarios del Gobierno acusan al campo de 'egoísta', al mismo tiempo que reafirman: "Tiene una rentabilidad excesiva". Lo hacen mediante periodistas propios que trabajan en distintos medios, tales como Página/12, periódico que se autorreconoce progre.
Es que al Gobierno le favorece el control total de los medios, la macrocefalia crónica de un país pensado por, desde y para Buenos Aires, y por sobre todas las cosas, la estupidez de un pueblo que no quiere aceptar errores ni reconocer puntos de vista diferentes.
"Mirá la 4x4 de aquel". "Mirá el cantidad de countries nuevos que hay en Río Cuarto". "Cómo puede ser que los que más tienen más se quejen". "Los gringos del campo son llorones". "Si no fuera rentable no sembrarían cada vez más soja". Todas muletillas de moda en la boca de los especialistas de siempre: aquellos que son DT sin saber pegarle a la pelota, eminentes constitucionalistas que aconsejan qué hacer frente a la inseguridad o avezados economistas que resolverían la desigualdad social si se hiciera lo que ellos dicen (recomiendo altamente la nota de Adrián Simioni).
Que el campo es rentable, es rentable. Mucho. Lo dicen los precios internacionales. Pero que se indignen los cordobeses urbanos al ver que el campo hace plata, me indigna a mí. ¿Acaso no somos nosotros los que no podemos tener transpote público digno porque los subsidios se quedan en Buenos Aires? ¿Acaso no somos los cordobeses, de toda la provincia, los que nos indignamos de la desinversión en la Ruta Nacional 9? ¿Acaso no somos nosotros mismos los que nos quejamos de que los pobres porteñitos para que no lloren les subsidiamos la papa mientras que nosotros la pagamos lo que realmente vale? Es que no entendemos todavía: es un problema nacional. A 155 años de la sanción de la Constitución, el país no es una república, ni es federal. Esa Constitución que establece que los tributos al comercio exterior no son coparticipables. Esa misma Constitución que también establece que en materia económica no hay tributos que se apliquen mediante decretos de necesidad y urgencia (ver acá). Recién ahora nos damos cuenta de que a la Guerra Civil por una Constitución Federal la ganó Buenos Aires.
El campo es más rentable para aquellos que más tienen (ver esta nota aparecida en Crítica Digital y esta de Mariano Saravia). Son aquellos que tienen oficina en Buenos Aires, obvio. Son aquellos que fundaron la Sociedad Rural, obvio (ver lo que pienso de la SRA acá). Son aquellos que visten Pato Pampa para pasar los fines de semana en su estancia, obvio. Son aquellos oligarcas que poseen el 10% de los establecimientos agrícolas y que cultivan el 78% de la superficie disponible. Esos son. Esos son los que expanden la frontera agrícola arrasando con los bosques. La propiedad concentrada. El capital concentrado. Esos son.
Mientras tanto, el Gobierno (defensor de los grandes capitales) seguirá aprovechando la estupidez del pueblo y meterá en la misma bolsa a la Sociedad Rural (que no quiere retenciones y así lo manifestó en su momento) y a los pequeños y medianos productores (que reclaman que sus retenciones vuelvan en obras, para no seguir reventándose contra el asfalto). La tierra para el que la trabaja, y el dinero para quien se lo gana.
[Nota al pie de página] Desde Economía se asegura que las nuevas medidas buscan tambien frenar la 'sojización'. En tal sentido, se disminuyeron en menos de un punto las retenciones al maíz y al girasol (más al respecto acá). ¿Donde habrá aprendido demagogia? ¿En Saint Andrews o en Londres?